Mis sugerencias al movimiento Izquierdista.

Camaradas,

Venderle al pueblo, después de la exitosa marcha del 22, la idea de que el problema de la corrupción se puede resolver con una simple colección de firmas es, con intensión o sin ella, una acción infantil, contraproducente y peligrosa.

De todos es sabido que crear consciencia no es promover falsedades ni crear falsas esperanzas. Estas acciones dividen la opinión pública, disipan la energía del pueblo e invitan a la inactividad.

Me imagino que tal decisión es el producto de la ausencia de dirigentes de izquierda dentro de los organizadores del movimiento anti-corrupción quienes, sumisos, acataron el llamado a cambiar la combativa bandera roja por la ternura y delicadeza de la verde.

Hermanos,
Es hora de que la izquierda, como una sola y en forma astuta, se convierta en la vanguardia del pueblo y tome el control de la actual situación. Esto debe lograse sin confrontar las fuerzas conservadoras y hasta “progresistas” que creen que, desde el gobierno, es posible eliminar o reducir el extravagante nivel de corrupción que, impunemente, ha abundado en los gobiernos del PRSC, del PRD (PRM) y del PLD.

La izquierda entiende claramente que las acciones de reclamo y de protesta deben escalonarse, sin embargo, el llamado a “firmar” hace todo lo contrario. Esta acción caerá como un “cubo” de agua fría que extinguirá la llama y la pasión que motivó a miles de dominicanos a tomar las calles y a reclamar el fin de la impunidad.

¿Cómo es posible que después del éxito de la calurosa, energética y significativa marcha del 22, lo único que se nos pida sea salir con una cámara a firmar?
El llamado al pasivo acto de rubricar fue un craso error. Este pusilánime acto creará el falso sentimiento de “deber cumplido” y le permitirá al tiempo disipar la energía y el disgusto de los que se movilizaron.

No podemos permitir que se desvanezca el deseo y la disposición de los que respondieron al llamado a marchar. El movimiento revolucionario debe ver este llamado como contrarrevolucionario e inaceptable. La izquierda debe, ignorando su baja auto-estima, en cuanto a su capacidad de convocar, vestirse del Rojo marxista y salir a las calles a conquistar el lugar que le corresponde dentro de la opinión pública y en especial dentro de los trabajadores, de los campesinos y de los ignorados por el bárbaro y empobrecedor sistema capitalista.

Señores, debemos hacer nuestro este momento histórico, “no para crear falsas esperanzas, sino para priorizar nuestros principios, para promover nuestras políticas sociales, para atraer nuevos miembros y nuevos líderes, para expandir el movimiento y para desenmascarar los verdaderos enemigos del pueblo”.

Para lograrlo, las organizaciones de izquierda no pueden, ni deben darse el lujo de permitir que ninguno de sus miembros que se despierten sin saber cuál será su tarea y el resultado que depende de ella.
Es harto conocido, dentro de los círculos marxistas, que un revolucionario con una misión asignada y con responsabilidades claras, trabajará sin descanso hasta cumplirlas.

¿Cuantos de nosotros sabemos cuál es nuestra tarea para mañana? Y más importante, ¿que logrará el movimiento cuando usted cumpla con sus responsabilidades?

Si no está seguro o no sabe las respuestas a estas preguntas, usted pertenece a la organización equivocada o es hora de que usted tome el mando.

Felipe Lora

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